
“Yo Creo” fue una propuesta de la Concejalía de Infancia y Juventud del Ayuntamiento de Logroño para desarrollar una exposición de arte bruto u outsider, en definitiva, realizado por personas con alguna discapacidad síquica o mental.
Desde el MURAC concebimos dicha exposición tan solo como el resultado de lo que nos parecía más interesante: un taller realizado con alumnos y alumnas del Colegio de Educación Especial “Los Ángeles” (Logroño) .Con este artículo queremos divulgar el trabajo de estos chicos que son los verdaderos protagonistas.
Durante una semana varios componentes del MURAC colaboramos con un grupo de alumnos en un taller sobre técnicas de dibujo y pintura, junto con sus monitores. En el grupo había diferentes grados de discapacidad, no sólo síquicas, sino en algunos casos también motrices (autismo, síndrome de Down, hiperactividad, etc.)
Desde el principio lo desligamos de la idea del “yo físico” o de la habilidad técnica, y nos centramos en que cada uno valorara sus gustos y como estos nos diferencian de los compañeros: colores preferidos, aficiones, imágenes recortadas, etc. Así, cada una de estas elecciones iban creando un perfil propio.

Desde el punto de vista técnico tratamos de trabajar con ellos con materiales profesionales (pinceles, lienzos, acrílicos…) y utilizamos el soporte en papel sólo en ejercicios previos.
A través de estas actividades se trabajaba tanto la técnica de los materiales como la apropiación de la autorepresentación. Partimos de un ejercicio inicial en el que cada uno de ellos había dibujado un autorretrato junto con las aficiones que determinaban su perfil.
A partir de ahí comenzamos a trabajar la imagen física y el reconocimiento del rostro y el cuerpo como algo propio. Dispusimos láminas de acetatos sobre espejos para que ellos mismos se dibujaran calcando sus propios gestos encima de su reflejo.
Muchos de ellos se olvidaban inmediatamente del reflejo que tenían enfrente y pasaban a representar la imagen mental que tenían de ellos mismos. Otros, por el contrario, trabajaban el dibujo con una meticulosidad obsesiva.
La tendencia de estos dos grupos se vería representada en los diferentes ejercicios: mezcla de colores, pintar fondos, colorear fotocopias y la obra final.

Para finalizar el taller, cada uno de ellos realizó su autorretrato sobre lienzo utilizando las técnicas que habíamos visto a lo largo de la semana. En su mayoría no sólo eran simples autorretratos sino que constituían representaciones narrativas de toda una experiencia en la que se podía ver, por ejemplo, al autor con el capitán Garfio encontrando un tesoro.Es importante reseñar que aunque el resultado pueda parecer fortuito, cada uno de los cuadros era perfectamente reconocible para el resto de los compañeros del grupo.
Sin duda esta experiencia es recomendable para situarnos nuevamente en los límites del arte contemporáneo. Nos ha maravillado ver como estos jóvenes producían obras perfectamente comparables a cualquier artista de formación académica, no sólo en la forma sino también en el fondo. Lo que a priori parece anecdótico, con una segunda reflexión, la aparente espontaneidad y fuerte convicción con la que estos jóvenes han desarrollado sus obras cobra más importancia.
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