
Nueva York, ahhh, Nueva York, como me gusta esta ciudad…
La verdad es que hay tantos atractivos que es difícil elegir uno para empezar a escribir, para más inri sobre aledaños del arte, así que voy a empezar por un lugar un poco tópico, pero que me fascina por la influencia que la estética de esta feria ha tenido y tiene sobre el arte que se produce en la city, y de rebote, en el resto del planeta.
Coney Island es una parte del sur de Brooklyn, a la que se llega a través de varias líneas de metro (las líneas D, F, N y Q). Esta zona ha estado conectada a Manhattan gracias al ferrocarril desde tiempo inmemorial, debido a que antiguamente, como su mismo nombre indica, esta península era una isla con una giga-playa, donde se situaba un balneario al que acudía gente pudiente de la city a lucir el palmito y a conspirar, que es para lo que sirven los baños públicos de toda la vida, y si no que les pregunten a los romanos. El viaje hasta allí desde Manhattan es curioso se haga en la línea que se haga, porque en Brooklyn el tren es elevado y se puede ver el paisaje de casitas, y el aspecto destartalado que tiene todo una vez que sales de “la city”.

Feria de Cony Island a principios del s.XX
A lo que iba, gracias al auge de la zona a principios de siglo XX, se empezaron a localizar nuevos lugares de esparcimiento (amusements), saturando el espacio, que llegó a tener hasta tres hipódromos, y varios hoteles que ya no existen, ya que fueron devorados por el fuego, hace mucho tiempo. También aparecieron las primeras montañas rusas, las norias, restaurantes y garitos de no muy recomendable pelaje que eran frecuentados por mafiosos míticos y gente de baja caladura, lo que hizo que el balneario definitivamente perdiera su gracia para la alta sociedad, que dejó de ir, cediendo el paso a la clase de medio y bajo poder económico, que iba a pasar el día a la playa con su tartera, mas o menos como ha pasado siempre en las playas del mediterráneo español.
La feria de Coney Island, no se ha librado, como ningún rincón de Nueva York, de aparecer en el cine o en la televisión, el caso mas reciente que yo recuerdo es en la serie “Los Soprano” (supongo que a estas alturas no hay que hacer publicidad de esta serie) y también sale en “The Warriors”, una peli mítica de 1979, que en España se llamó, en un clásico caso de creatividad “Los amos de la noche”, o “Los guarros” en una traducción todavía mas libre. Los rótulos y anuncios de los locales que invitan a entrar en las barracas no han cambiado desde esta peli (probablemente desde muchísimo antes) y no tienen desperdicio, son alegres y siniestros al mismo tiempo, una dualidad presente en toda la ciudad. A esto se une una cantidad ingente de basura, tanto en invierno como en verano, que forma parte del paisaje, como si no pudiera estar en otro lugar.

Fotograma de "The Warriors" (1979)
Después de superar mil crisis económicas acumulando capas de pintura sobre el óxido de los tornillos del “Cyclone” (la montaña rusa mas peligrosa en la que he montado en jamás) hoy en día, Coney Island es una reliquia con una espada de Damocles colgando a perpetuidad sobre su territorio, cada cierre de temporada (la feria abre, como cualquier parque de atracciones, durante la época estival) parece ser el último y voces agoreras se encargan de pregonarlo, aunque año tras año vuelve a abrir sus puertas, cada vez mas desvencijada, mas entrañable y con menos atracciones, ya que cambia de dueños con relativa frecuencia y ya se sabe lo que pasa con la especulación. Yo he oído ya tres versiones diferentes del modelo de desaparición que seguirá la feria, a la gente le gusta cultivar la leyenda que envuelve la zona. La que mas me gustó fue la de un señor que se mostró muy pródigo al preguntarle por la historia del barrio, que me contó que unos compradores australianos que se llevarán las atracciones (varias de ellas protegidas como monumento de interés histórico) a tierras lejanas. También hay otra opción, que cuenta que Disney Company (ohhh, la bruja mala hace su aparición) quiere acoger la feria bajo sus alas y darle su toque especial, y la mas creíble, que van ha hacer un gran centro comercial junto a las atracciones, porque oiga, consumir también es un “amusement”.
Anyway, en verano esta lleno, atestado casi, de gente que va a pasar el día a la playa, hay grupos de personas bailando, señores que llevan hula hops para que la gente los use pagando la voluntad, y un montón de familias que disfrutan de las barracas. En invierno el gran paseo de madera junto a las atracciones esta reservado a fotógrafos curiosos y a los autóctonos de la zona, que van allí a hacer su gimnasia diaria y a charlar un rato, por cierto, si vais en invierno llevad doble capa de abrigo, porque es una de las zonas mas frías de la ciudad, con un viento que corta, aunque siempre hay un señor mayor que va sin camiseta haga el día que haga.
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